Señales en la roca

Señales en la roca

Por qué hacer psicología para bruj@s y místic@s?

Por qué hacer psicología para bruj@s y místic@s?

Antes de comenzar con esta idea, estuve buscando en internet si existía algo parecido. Curiosamente sólo encontré algunos posts y eran relacionados con el arte y con algunas explicaciones sobre la relación entre la psicología con el feminismo (pues sí, a las mujeres constantemente nos han llamado brujas, entre otras cosas). Pero no he viso perfiles de psicólogos que hayan puesto sus servicios en función de la comunidad mística y esotérica.

Tal vez uno de los motivos para esto ha sido la dificultad tan grande de discriminar a nivel profesional donde termina el delirio, la alucinación y la fantasía, y donde comienza la "comunicación" con lo divino. En cierto sentido, es muy frecuente encontrar a psicólogos que se definen como religiosos o como católicos, y muy pocos que se definen como místicos... al menos abiertamente.

Mi intención, entonces, es compartir, desde mi vida enlazada a la psicología y al mundo místico; las experiencias que me han llevado hacia y desde el mundo de los Dioses y de los hombres. No pretendo convencer a nadie. La espiritualidad es, en última instancia, una parte que puede o no integrarse en la vida de cada persona. A los Dioses no les importa si crees en ellos. Yo simplemente he decidido creer.

1/06/2016

Nuevos caminos

Muchas veces me encuentro con aquellos mensajes de "para conseguir los sueños hay que tener el valor para dejar lo seguro por lo inseguro". Tal parece que sólo aquellos que consiguen perder el miedo son los que van a salir victoriosos en la lucha por alcanzar lo que se desea. Nos pasamos el tiempo pensando si hemos sido lo suficientemente valientes, si hemos hecho todo lo que podíamos, si la vida que tenemos es todo a lo que podíamos aspirar.

En mi caso, el gran cambio vino por un empujón de los Dioses. Ellos nos hablan siempre, a todas horas, en todo momento. A veces los oímos, a veces no. A veces nos gritan hasta que no nos queda otra alternativa que hacerles caso. Claro, siempre tenemos la opción: podemos escoger nuestro camino, decidir si queremos seguir intentando aquello que, obviamente, no está a funcionar de la misma forma; o, por el contrario, si nos lanzamos al vacío confiando que en el fondo aquella mano que nos está a empujar al precipicio del Loco, nos va a estar esperando. Nuestras decisiones siempre serán nuestras. Si funcionan, si no funcionan. Siempre he tenido claro que los Dioses no pueden ser culpados por las consecuencias de nuestros actos. Nosotros escogimos el camino de seguirlos. Ellos nos aceptan en sus enseñanzas. No siempre son enseñanzas bonitas. No todas nos dejan con sensaciones de bienestar al final del camino. Pero salimos diferentes del proceso.


Foto de la autora

Si hay que tener valor para los cambios, no es tanto para enfrentarnos a ellos sino para aceptarlos y fluir con ellos. Valor para saber que cada acción tiene una reacción, que todo lo que hacemos tiene consecuencias y aceptar esas consecuencias. Colocar en la balanza lo que deseamos y lo que estamos dispuestos a "sacrificar" por conseguirlo, e intentar no perdernos en el camino.

Los Dioses entonces nos llevaron de un país para otro. Nos dijeron: "Es el momento de decidir, y si no quieres decidir ahora más tarde puede que no tengas esta opción". Nos dijeron: "Ahora es cuando tienes que confiar y dejar el mundo que conoces por uno que no conoces, que puede que creas conocer pero no conoces". Nos dijeron: "Ahora o nunca".Y nosotros escuchamos. Decidimos escuchar. Y nos fuimos.

Dejamos los mares por las montañas. Dejamos nuestros espacios sagrados para comenzar a crear nuevos espacios sagrados. Para comenzar a construir un nuevo Templo. Nuestros Dioses nos trajeron al corazón del Dragón. Al mundo de los duendes. A los misterios de la tierra. A aprender de las entrañas y multiplicar las energías por mil. Lo que en el norte se sentía como una ligera brisa, en el centro del mundo se siente como un huracán que, si no se controla, puede barrer con todo.

Foto de la autora
Por primera vez sentí la vivencia de la tierra hacia la cual los ancestros se viraban para pedir protección, la Madre. La abrumadora magnitud de la montaña que intimida y al mismo tiempo te desafía. No para conquistarla. Sino para comprenderla, aceptarla y amarla. No queda otra opción que amarla. Preguntándome a cada momento si esto es lo que los Dioses quieren que aprenda. Sabiendo que no es lo único que me toca aprender. Es la sensación de antes de entrar al agua, tienes que probar su temperatura, familiarizarte con la fuerza de las olas, para luego poder sumergirte. Pensar en cómo esta analogía algún día la aplicaré a la tierra. Sin dudas, este no es el fin.


Nuevos caminos son derivados de nuevas decisiones. Los desafíos son para personas que confían. Pero no son fáciles. Es basar la vida en nuevos comienzos. Intentar no partir de cero para unos. Aceptando tener que comenzar desde el inicio para otros. Arrastrar a la familia a los nuevos proyectos o crear una nueva familia. Conocer nuevos amigos. Crear una nueva familia espiritual. Extrañar. Vivir la energía del lugar. Dudar. Aceptar. Saber que los mismos Dioses que nos trajeron, lo hicieron porque ya han leído las páginas finales del libro que estamos escribiendo y saben, Ellos saben. Amar esa sabiduría, seguirla y compartirla con los que quieren saber. Creo que por eso estamos aquí. Para a través de la transcendencia de la tierra, comprender los misterios sagrados de la luna y las estrellas, los misterios de la muerte y el inframundo. Entrar en los recintos sagrados del Dios que da y quita la vida, y entregarnos a Él.


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